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Ejército Ecuatoriano | Sistemas de Armas
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Sistemas de Armas

Insignia del Arma de Infantería y su significado 

Heráldica

Fusiles Cruzados

“A la carga, bravos combatientes, nuestras armas vencerán en el fragor de la lid, su grito alzará el olor de la pólvora y la furia del cañón, sin duda, al enemigo acabarán”, este es un grito de guerra que los infantes pregonaban levantando sus manos y cruzando sus armas. Esta es la señal de que la muerte espera por su enemigo invasor. Simboliza la valentía, el coraje y la tenacidad del soldado de Infantería, que tiene por responsabilidad el cumplimiento de la misión asignada, el respeto y el amor a su Patria.

Esmalte Oro (color amarillo)

Significa riqueza, fortaleza y grandeza de espíritu. Se asocia con la parte intelectual de la mente y la expresión de nuestros pensamientos. Es, por lo tanto, el poder de discernir y discriminar, la memoria y las ideas claras, el poder de decisión y la capacidad de juzgarlo todo.

Esmalte Sable (color negro)

El color negro simboliza la protección y el misticismo. Se lo asocia con el silencio, la fuerza interior, el celo, el respeto y el duelo por lo querido, amado o venerado. También, se lo utiliza en un recuadro rectangular y horizontal. En sí, los dos colores están ligados directamente a la Infantería. Representan al Dios Sol de los Shyris, símbolo del poder; a las pieles doradas de los soldados que en gestas heroicas imprimieron el nombre del guerrero; a los trigales y los paisajes que caracterizan a nuestra tierra; a la riqueza del alma, el celo, el respeto, la mística, el arrojo y la valentía.

Historia del Arma de Infantería

El Arma de Infantería, como parte primordial del Ejército, es venerada diariamente. Sus hijos le rinden homenaje y pleitesía, porque simboliza la plena superación profesional, y se muestra como una clara respuesta a las expectativas de los avances tecnológicos de nuestros tiempos.

Es innegable nuestra admiración a la Infantería que, despertando al toque de diana, saluda a la alborada del naciente día, con la oración Patria del trabajo. La constancia y el sacrificio la hacen fuerte de cuerpo y espíritu.

La Infantería que, teniendo por lecho el duro suelo y por techo el inmenso firmamento, duerme el sueño del guerrero incansable, para continuar en el mañana el cruento combate del ocaso. Sonríe ante la inminencia de la muerte y, en gesto generoso y puro, rinde su vida con el grito de Patria en sus labios. Su alma llena de gozo, jamás vencida, vuela al mundo de la eternidad al compás de las épicas notas de la canción de la gloria.

Es la base de los Ejércitos, es decir, el eje sobre el cual gira la organización de todas las unidades de combate. Es la diosa legendaria del combate, la reina de las armas, la estrella del valor y de la gloria.

Este momento solemne de la Patria, cuando se reafirma la democracia nacional, es propicio para el autoanálisis retrospectivo que, con sinceridad plena, debe hacerse el militar. Así, reflexionará sobre lo ejecutado, lo omitido y lo que se debe adelantar. Como mandato de la historia, se pregona el compromiso para con los héroes de nuestra gloriosa heredad nacional.

La Infantería ecuatoriana, que entrelaza sus raíces con nuestra nacionalidad, se ha desarrollado y regado con sangre quiteña en Magsiche y Quipaipán, porque infantes fueron los héroes de Camino Real, Yaguachi, Quebrada Seca y Chacras. Su día clásico es el 25 de Mayo, como reconocimiento al heroico desempeño de los Batallones de Infantería “YAGUACHI”, “ALBIÓN”, “PAYA” y “ALTO MAGDALENA” en la Batalla del Pichincha, la cual selló nuestra Independencia.

Es imposible desconocer el vínculo que, a través del tiempo, enlaza aquel infante aguerrido, forjador de nuestra Independencia, y aquel que hoy lucha por mantenerla y dejarla como el más preciado legado a las futuras generaciones.

La Infantería es un ingenio del combate, que oficialmente se emplea a pie, esgrimiendo armas individuales, colectivas, livianas y de fácil transporte. En el enfrentamiento, puede actuar en forma independiente, con posibilidades limitadas o en combinación con alguna otra arma. Usualmente, emplea medios blindados como apoyo, para así aumentar su poder de choque.

Desde el inicio de la humanidad, el ser humano al ver amenazada su integridad, por diferencias de pensamiento o por conflicto de intereses con sus propios congéneres, sintió la necesidad de protegerse de posibles ataques. De esta manera, surgieron los primeros combates directos, interpersonales o de cuerpo a cuerpo. Posteriormente, en una evolución no muy marcada, los individuos se coligaron con otros usando, en sus albores, armas rudimentarias y en forma un poco más organizada. Así, se generaron enfrentamientos de mayor magnitud, pero siempre con una característica esencial, el movimiento a pie.

Con el transcurrir del tiempo, la evolución del armamento, las técnicas, las tácticas y los procedimientos de combate, así como del número de las huestes o guerreros militantes en los enfrentamientos, coadyuvaron a que el combate se torne más cruento. Allí, evidentemente, resalta el infante revestido de un ímpetu pocas veces visto en cualquier otro combatiente. En los campos de batalla, libró encuentros mortales, que han hecho que el soldado se privilegie de pertenecer a esta gallarda legión, se sienta alborozado de ser parte de esta herencia y tradición.

Porque a pie va cantando mejor la valentía, y es a pie cómo vibra más fuerte el corazón, conquistando la tierra de pulgada en pulgada, mientras el alma salta de emoción a emoción.

INFANTERÍA

Insignia del Arma de Caballería Blindada

Heráldica

La insignia del Arma de Caballería Ecuatoriana fue implantada mediante el Decreto Ejecutivo del 19 de octubre de 1927. Este, refiriéndose a la Caballería, le señala como color distintivo el azul (Art. 5) y como insignia (Art. 46), dos lanzas cruzadas, de iguales dimensiones, con sendos banderines tricolores. Estos elementos simbolizan el valor de los Lanceros del Pichincha y los Granaderos de Tarqui, que los portaron con valor en los campos de batalla. Estas lanzas se utilizaron hasta 1989.

La insignia usada por primera vez por las Fuerzas Blindadas en Ecuador fue la escarapela. Era usualmente empleada por los tanquistas norteamericanos, cuya influencia en nuestro país se dio ante la presencia del material blindado de ese origen y de sus instructores. Dicha influencia se encuentra representada por un tanque M-26, y dos sables, distintivos de la legendaria Caballería Norteamericana, sobrepuestos. Esta insignia también duró hasta 1989.

A partir de este año, frente a la decisión del Comando General del Ejército de fusionar las Armas de Caballería y Fuerzas Blindadas, se creó la nueva insignia del Arma de Caballería Blindada. Esta se encuentra integrada por el tanque M-26 de las Fuerzas Blindadas y las dos tradicionales lanzas tricolores de la Caballería Ecuatoriana. El tanque representa la movilidad, la potencia de fuego y la acción de choque; por su parte, las dos lanzas, el valor de los Lanceros del Pichincha y los Granaderos de Tarqui. El esmalte oro de su tanque simboliza nobleza, poder, Historia y Tradiciones Militares del Ejército Ecuatoriano

luz, constancia y sabiduría; y el tricolor de las lanzas, la riqueza de su tierra (amarillo), el cielo (azul), y la sangre derramada por sus héroes (rojo). Esta insignia es portada actualmente por todos los soldados de Caballería Blindada, en la solapa del uniforme.

Parche triangular del Arma de Caballería Blindada

Junto con la insignia, desde el inicio del Arma de Fuerzas Blindadas, los tanquistas ecuatorianos adoptaron un triángulo tricolor, diseñado por el Ejército Norteamericano en 1918 y utilizado por los cuerpos de tanques de ese país. Empleaban los colores tradicionales de la Infantería (amarillo), la Caballería (azul) y la Artillería (rojo). La conjunción de los tres simbolizaban que las unidades blindadas eran las suma de las tres armas tradicionales.

Mediante el Decreto Ejecutivo Nro. 206 del 23 de septiembre de 1944, en el numeral 115, se describe la insignia de las Fuerzas Blindadas y el parche de los blindados, constituido por un triángulo equilátero de 10 centímetros por lado. Este tenía como fondo los colores de la bandera nacional, una oruga y un tubo de cañón, bordados en seda de color negro. Todo esto estaba atravesado por un rayo diagonal, bordado en seda de color rojo.

En 1989, ante la integración de las Armas de Caballería y las Fuerzas Blindadas, el parche tuvo una variación, fue reemplazado el cañón por la figura de un corcel negro. Esto tuvo vigencia hasta el año 2002 y sufrió un nuevo cambio: quedó constituido por un triángulo equilátero de 10 centímetros por lado. Además, utilizó como fondo los colores de la bandera nacional (amarillo, azul y rojo), con cuatro blasones que significan:

  • El corcel, la caballería.
  • La oruga, movilidad.
  • El cañón, potencia de fuego.
  • El rayo, la acción de choque.

Historia del Arma de Caballería Blindada

Para hablar de la Caballería Blindada es necesario hacer un breve recorrido por su evolución histórica en el mundo. Además, es fundamental considerar su desarrollo en nuestro Ejército, como factor de poder dentro de la estructura del Estado.

Con el devenir del tiempo, los comandantes se vieron en la necesidad de contar con tropas móviles y flexibles, con capacidad de arrollamiento físico y psicológico, que les permitieran obtener una inmediata superioridad sobre el adversario. Para efectivizar esta nueva táctica como innovación bélica, se utilizó el caballo. A partir de entonces, se registraron éxitos y victorias decisivos para los grandes capitanes y comandantes.

Gran parte de la historia de nuestra Patria se forjó sobre el lomo del caballo, durante la conquista por parte de los españoles. Esta especie constituyó una sorpresa y espanto para nuestros aborígenes, quienes llegaron a considerar al jinete y el caballo como un ser monolítico, monstruoso e invencible. Fue tan grande el impacto psicológico que huían despavoridos.

Más tarde, con los desacuerdos entre los conquistadores, Gonzalo Pizarro se declaró líder de los encomenderos. La victoria más importante fue en la Batalla de Iñaquito, donde triunfó sobre las tropas de Virrey del Perú. Sus escuadrones de Caballería fueron comandados por el propio Pizarro y por Pedro de Puelles.

En 1542, cuando el Virreinato del Perú implantó el impuesto a las Alcabalas, los quiteños, al mando de Pedro Zorrilla, organizaron un fuerte Ejército. Este contaba con poderosas fuerzas de Caballería, que a la postre serían el factor desequilibrante en la victoria durante esa histórica revolución.

También, es necesario recordar que, durante los episodios del 8 y 9 de Octubre de 1820, el entonces Capitán de Caballería Luis Urdaneta, al mando de 25 hombres del Batallón “Granaderos”, fue quien determinó el éxito de estas fuerzas independentistas. Luchó anular el poder militar español en Guayaquil y lo consiguió. De las amplias llanuras y del sofocante calor tropical, a los fríos senderos de la cordillera de los Andes, trepidaba la tierra bajo el paso bizarro de los Escuadrones de Caballería en los campos de batalla. En Boyacá, Carabobo, Tapi, Pichincha, Junín, Ayacucho, Chacabuco y en Maipú, se cubrieron de honor, cual centauros mitológicos, galopando con la bandera de la libertad por la justa causa americana.

La Caballería nos legó la libertad y consolidó la Independencia de los territorios que hoy llevan el nombre de Ecuador. Sus jinetes, sobre el lomo de los corceles, galoparon, desde el inicio de la epopeya independentista, por los campos de Cone, Yaguachi, Huachi, Verdeloma, Tanizagua y Camino Real. La sangre de los “Granaderos a caballo de San Martín” irrigó los campos de Tapi en esa homérica batalla. En las alturas del Pichincha, la bravura de los “Dragones”, los “Sables” y los “Lanceros” de las huestes patriotas nos liberó del yugo español. Luego, se constituyeron en la base sólida de una excelsa legión de soldados, que más tarde integrarían el Ejército de la nueva República.

En 1821, el General Antonio José de Sucre llegó a la península de Santa Elena y organizó sus fuerzas en base a los escuadrones Dragones de Caballería, Guías y al Batallón de Caballería Mires. Estos contribuyeron al éxito en la Batalla de Pichincha, pues jugaron un papel determinante al derrotar a la columna española entre Cone y Yaguachi. Alcanzaron la victoria total el 19 de agosto de 1821. Luego, el 21 de abril de 1822, en las llanuras de Tapi, cerca de Riobamba, los Escuadrones de Granaderos, al mando del General Lavalle, alcanzaron el triunfo que abrieron las puertas para Pichincha y la libertad de la Patria. Este gesto heroico, por demás conocido, se dio gracias a la conducción del General Antonio José de Sucre.

Durante la Gran Colombia, la Caballería nuevamente se cubrió de gloria, esta vez en la Batalla de Tarqui, donde los Escuadrones Cedeño, Segundo, Tercero y Cuarto de Húsares, Granaderos a Caballo, Dragones del Istmo y Yaguachi, permitieron que el Ejército Gran Colombiano liquide, con sangre y fuego, la osadía enemiga de invadir la tierra de sus libertadores. Con este hecho, se perennizó en la historia la legendaria acción de los “20 Bravos del Yaguachi”.

En los inicios de la República, entre 1830 y 1843, la Caballería brilló por su valor en la Revolución de Quito Libre, la cual culminó en la famosa Batalla de Miñarica. Allí, la Caballería Floreana realizó una verdadera carnicería y exterminó al Ejército Restaurador, bajo las órdenes del General Isidro Barriga.

En las Guerras Alfaristas, entre liberales y conservadores, los repartos de Caballería combatieron en diferentes acciones de armas, en San José de Chimbo, El Molino y Gatazo, una vez más. De esta manera, pusieron su sello de victoria, con la actuación valerosa de los grupos Cazadores de Los Ríos y Yaguachi.

Bravía y romántica es la Caballería Ecuatoriana. El servicio a la República constituye su mística; el procerato de la lealtad reside en ella. Cuando Ecuador, dormido en los laureles de Tarqui, despertó atónito en el drama de 1941, aun en ese cuadro de impotencia, la Caballería salvó el honor del Ejército Ecuatoriano.

Los hechos hasta aquí narrados acreditan una rica tradición militar, que caracteriza a los hombres de bota y espuela en todos los confines del Ecuador. Las siguientes unidades hicieron historia en nuestro Ejército, por lo que perduran en nuestras mentes y corazones: “CAZADORES DE CHONE”, “ALAJUELA”, “TENIENTE ORTIZ”, “YAGUACHI”, “GENERAL DÁVALOS”, “FEBRES CORDERO” y “CAZADORES DE LOS RÍOS”. Estas Unidades de Caballería, desde el inicio de la República hasta el presente siglo, contribuyeron con la paz, la seguridad interna y externa de la Nación, y preservaron su soberanía. Sin duda, han perdurado en el tiempo y lo seguirán haciendo.

En 1941, la actuación heroica del Grupo de Caballería “FEBRES CORDERO”, en Panupali, impidió la progresión del enemigo hacia Loja y Cuenca. De igual forma, elementos de Caballería del “YAGUACHI”, en Porotillo, aniquilaron la vanguardia enemiga. De esta manera, cortaron toda posibilidad de avance hacia el Austro. Destacaron heroicamente el Capitán Moisés Oliva, los Tenientes Leónidas Plaza y Alfredo Zurita, el Subteniente Manuel Pinto, el Cabo Tipantuña, el Conscripto Flores y otros héroes que pasaron a la inmortalidad.

En el año 1917, apareció un nuevo ingenio bélico en el campo de batalla, que aumentó la movilidad y dio una nueva dimensión al arte militar: el vehículo blindado, llamado tanque de guerra. Su característica principal es la capacidad de fuego, blindaje de protección y acción de choque. Este nuevo avance tecnológico de la industria bélica dio mayor movilidad y dinamismo a los conflictos militares. Así, la Caballería tuvo que adaptarse a los nuevos medios. Por lo que la mortífera arma, el tanque de guerra, fue escogido como el relevo del caballo y de los bizarros y valientes jinetes de la Caballería tradicional.

Durante la Segunda Guerra Mundial, entre febrero y marzo de 1942, llegaron al país los tanques Marmon Harrington. Estos fueron comprados a Estados Unidos y desembarcados en la ciudad de Guayaquil. Por vía férrea, fueron trasladados a la ciudad de Quito, específicamente, al Colegio Militar de ese entonces.

Estos tanques pasaron a formar parte del Grupo “YAGUACHI”, ubicado en La Magdalena. Allí se realizó el primer curso con oficiales, el cual duró desde marzo hasta agosto de 1942 y se llamó curso de “Caballería Mecanizada”. Su jefe fue el Sr. Capitán Reinaldo Vera Donoso. Las prácticas se las realizaba en el actual barrio Santa Ana; las pruebas de carretera se ejecutaban desde Chillogallo hasta Lloa; y el tiro se ensayaba en las faldas del cerro Ungüí. De esta forma nació el Escuadrón Escuela de Tanques Nro. 1.

En el mes de abril de 1947, se creó la Escuela de Tanques y el Escuadrón de Reconocimiento Mecanizado Nro. 3 “AZUAY”, bajo el mando del Señor Mayor Jorge Gortaire V, en San Antonio de Playas. Posteriormente, destacaron unidades menores a Tenguel y La Avanzada, y se organizó el Grupo “SARAGURO”. Finalmente, en mayo de 1974, se creó la Brigada Blindada Nro. 1 “GALÁPAGOS”, con sede en Riobamba, según orden de Comando Nro. 004-III-C-974 del 27 de marzo de 1974. Años más tarde, esta pasó a llamarse Brigada de Caballería Blindada Nro. 11 “GALÁPAGOS”.

El Ejército, ante la necesidad de integrar las Armas de Caballería y Fuerzas Blindadas, decidió fusionarlas y formar una sola. Esta idea se materializó en la orden de Comando General Nro. 011-985 del 25 de agosto de 1985. El 29 de agosto de ese mismo año se dispuso dicha fusión bajo el nombre de “Caballería Blindada”.

En abril de 1989, según la Resolución Ministerial Nro. 027, artículo 7, se autorizó la unión, basándose en la ya emitida en el año 1985. También, se tomó en consideración al orgánico para los años 1987-1992, en el cual se consideraba una nueva organización de los pelotones de tanques. Ante la iniciativa e interés del Comando de la 11 B. C. B “GALÁPAGOS”, renació la idea de materializar los grupos de Caballería Blindada.

Desde ese año hasta la actualidad, la Caballería Blindada sigue siendo un arma fundamental dentro de la organización y la estructura del Ejército. Cuenta con personal técnicamente capacitado para desempeñarse de manera efectiva y eficaz en el cumplimiento de la misión que le sea encomendada.

Caballería

Insignia del Arma de Artillería y su significado

Heráldica

Heráldicamente, los esmaltes rojo y negro son distintivos de la Artillería. El color rojo expresa la capacidad que tienen los soldados artilleros de manejar explosivos, pólvora, dinamita, detonadores, fulminantes, granadas, etc. Por su parte, el color negro representa la tozuda actitud de no ceder ni dar tregua al enemigo durante el combate. Los cañones dorados cruzados simbolizan el poder arrasador del fuego.

Este elemento ha marcado hitos de gloria y triunfo en las guerras que el soldado artillero ha desatado a lo largo de la historia.

Historia del Arma de Artillería

El Arma de Artillería ha tenido una evolución acorde con los progresos científicos y técnicos, en los campos tácticos y estratégicos. Así, su capacidad operativa se ha elevado hasta un grado máximo.

Vastas áreas de aire, mar y tierra han sido cubiertas por el fuego de proyectiles, lanzados por cañones de todo peso y calibre. De esta manera, también, las sorpresas más grandes han sido causadas por el empleo del cañón, convirtiéndolo en invalorable apoyo de otras armas.

Varias versiones existen sobre el origen de la palabra artillería. Una sostiene que proviene de un fraile llamado Juan Tillery, de donde nace la designación “Arte de Tillery”. Esta, con el paso del tiempo, se convirtió en una expresión inglesa de artillery, traducida al español como ‘artillería’. Otras encuentran el origen en el vocablo italiano artegli-gra.

La historia de la Artillería, en Ecuador, tiene sus orígenes en las postrimerías de la Época Colonial y los albores de la Independencia. Sin embargo, el factor común de esos tiempos fue la falta de definición para emplear el poco material disponible, de acuerdo con una visión táctica y operativa. Las primeras bocas de fuego que registró oficialmente la historia nacional son las emplazadas en el Golfo de Guayaquil, para, a modo de fortaleza, proteger el acceso a su puerto. Allí nació la Artillería de Fortaleza, con fortines como Las Cruces, La Concepción, San Felipe, en la costa del Pacífico, o más tarde con la colocación de piezas de bronce en el fortín de El Panecillo, en la ciudad de Quito.

Durante la época de las Guerras de la Independencia, resalta la participación de pequeñas fracciones de Artillería como parte de la denominada División Protectora de Quito. Esta tuvo una actuación honrosa en los combates de “Camino Real”, Artillería “Huachi” y “Tanizahua”. De igual forma, el gran Mariscal Antonio José de Sucre contó, entre sus filas, con una batería de Artillería. Esta, por las dificultades de desplazamiento, no participó en la gloriosa Batalla del Pichincha en 1822.

En 1852, como parte de la concepción de conformación del Ejército Nacional, el Presidente José María Urbina estableció, mediante decreto, que este se compondrá de dos Batallones de Infantería y dos Escuadrones de Caballería, apoyados por una Brigada de Artillería, en tiempos de paz.

De igual manera, el referido documento describe que esta última unidad se conformará de cuatro compañías. Junto a estas concepciones de organización se da, a finales del siglo XIX, la adquisición de los cañones Krupp de montaña y de costa, de calibres 7.5 y 8.8 pulgadas, respectivamente. Con el triunfo de la Revolución Liberal del 5 de Junio de 1895, el General Eloy Alfaro se interesó en la organización y el fortalecimiento del Ejército. Por eso, entre otras decisiones, creó la Brigada de Artillería “GUARDIA NACIONAL”. Para el 24 de agosto de ese mismo año, cambió su denominación a Batallón “BOLÍVAR”. Esta unidad sería la cuna del actual Grupo de Artillería Nro. 1 “BOLÍVAR”, que se encuentra actualmente en la provincia de El Oro. Sin embargo, durante su vida sufrió un largo peregrinaje que va desde la misma ciudad de Quito, pasando por Portovelo y Zaruma, hasta llegar a su actual destino en la ciudad de Machala.

El 27 de junio de 1902, como parte del proyecto de la Ley Orgánica del Ejército Ecuatoriano, se determinó que el Arma de Artillería podría ser de montaña, de a caballo, de costa y de fortaleza. La unidad táctica fundamental fue la batería de cuatro piezas con mulas. Y es en esta primera década del siglo pasado, con la presencia de la primera Misión Militar Chilena, que se adquirió, de la República de Chile, ocho piezas Herbardt y cuatro piezas Vickers Ma-xim, de origen alemán e inglés, respectivamente.

Todo este material, con Unidades de Artillería organizadas de acuerdo con el sistema chileno, fueron empleadas por el gobierno del General Leónidas Plaza Gutiérrez. Así se combatió la insurgencia encabezada por el General Carlos Concha en la provincia de Esmeraldas, en 1914.

En el año de 1925, el país soportó una serie de disturbios políticos que hacían peligrar la paz y la tranquilidad de la República. Sobresale la Revolución del 9 de Julio, conocida como la Revolución Juliana, fraguada por oficiales del Grupo de Artillería “BOLÍVAR”; quienes decidieron terminar con los abusos de la oligarquía que se había apoderado del poder y saqueaba, sin ningún control, los recursos públicos.

Las Unidades de Artillería, junto a otras del Ejército, se vieron envueltas en la participación de infaustas confrontaciones intestinas, a consecuencia de criminales errores de la política ecuatoriana, como la Guerra de los Cuatro Días (1932), el Combate de Tapi (1933) y el Conflicto de las Cuatro Horas, entre otros. Para esos eventos ya se contaba con el famoso cañón de montaña 65/17, de origen italiano. Los enfrentamientos antes citados tuvieron como protagonistas a los grupos “BOLÍVAR”, “CALDERÓN”, “SUCRE” y “VILLAMIL”. Estas organizaciones se constituyeron, a lo largo de nuestra historia, en los cimientos de las unidades hoy disponibles.

Durante el conflicto armado con Perú (1941), las Unidades de Artillería no disponían de los medios suficientes para su desempeño como tales. Por esto, su personal fue destinado a reforzar parte de las Unidades de Infantería. Un hecho importante, que cabe mencionar, es la participación de soldados artilleros a bordo del cañonero Calderón, que se cubrieron de gloria con dos piezas Breda de 20 mm. Estas fueron fundamentales durante el combate naval de Jambelí y la posterior derrota de la nave peruana Almirante Villar.

Desde 1956, el país inició la adquisición y posterior dotación en las Unidades de Artillería del cañón americano de 105 mm M2A2. Con este nuevo material, comenzó un largo proceso de modernización, que sería completado con las compras de armamento que se efectuaron desde 1972 hasta inicios de la década de 1980, con materiales como: el cañón autopropulsado de 155 mm F-3 de origen francés, el obús de 105 mm L14M56 italiano y el cañón auto remolcado de 155 mm M-198 americano. En esa misma época, se vio fortalecida la Artillería Antiaérea, la cual reemplazó al material de 40 mm por el sistema antiaéreo Oerlinkon, de origen suizo e italiano. En 1981, la Artillería se llenó de gloria cuando, en el Conflicto de Paquisha, el Cabo Nelson Guamaní, con su ametralladora múltiple. 50, derribó un helicóptero peruano.

Cabe mencionar que otra unidad insigne es el Regimiento “MARISCAL SUCRE”, que participó en el proceso revolucionario liberal. Inicialmente, se asentó en la ciudad de Guayaquil hasta llegar a Quito. Posteriormente, fue trasladado al Fuerte Militar “ATAHUALPA”, ubicado en Machachi. Un dato sobresaliente constituye la influencia que esta Unidad de Artillería tuvo en el nacimiento de la Escuela de Artillería.

Junto a ella, se conformó este instituto que ha sido responsable de la especialización de todo el personal del Arma de los Cañones Cruzados. De igual forma, la diversidad de materiales llevó a la creación de la Escuela de Artillería Antiaérea Conjunta, asentada en las proximidades de la Base Aérea de Taura.

Actualmente, la Artillería de Campo cuenta con nuevos materiales, como son los lanzadores de cohetes BM-21, TATRA-803 y GRAD-1P. Estas adquisiciones se realizaron a inicios de la década de 1990. Se fortaleció a las Unidades Antiaéreas con los misiles Igla.

Durante la Gesta del Alto Cenepa en 1995, las Unidades de Artillería participaron con lanzadores de cohetes BM-21 y GRAD-1P, obuses de 105 mm italianos y misiles antiaéreos Igla. Estos últimos proporcionaron seguridad al espacio aéreo. La actuación de sus soldados les valió el reconocimiento del Ejército y de todo el pueblo ecuatoriano, al infringir serias bajas en el personal y el material enemigos. Se convirtió en un elemento decisivo en el resultado final de este hecho heroico e imborrable de la memoria nacional.

Por ello la historia universal no se equivoca al decir que la “Artillería es el último argumento de los reyes.

Artillería

Insignia del Arma de Ingeniería y su significado

Heráldica

Está constituida por un castillo almenado (dentado) de corte medieval; conformado por tres cuerpos o torres, de estilo gótico octogonal. La torre central es más baja que las flanqueadas (laterales), en la cual aparece la puerta central del castillo, a la que se llega mediante una gradería de tres pisos. Cada torre está unida a las otras por cuerpos menos elevados que el central. Todo el conjunto tiene una coronación (almena) rectangular que le da un toque típico de castillo o fortaleza.

La fortaleza que el castillo representa señala lo fuerte y poderosa que es nuestra gloriosa arma, en donde las fortificaciones son baluarte fundamental del Arma de Ingeniería.

Historia del Arma de Ingeniería

Las raíces de nuestra Ingeniería Militar las encontramos en los orígenes de la humanidad. Allí están presentes los soberbios monumentos y los muros secos que nuestros aborígenes construyeron con sus manos, y que fueron admirados por los conquistadores.

Los caminos y parcelas de ríos menores, los tambos y fortines, los patios y depósitos logísticos para la guerra, que, junto a los desvíos y trampas mortales de los cuales conocieron Diego de Almagro y Pedro de Alvarado, en la dimensión del gran Rumiñahui, constituyeron una ingenua pero eficaz Ingeniería.

Consolidado el poder español, el aborigen se redujo al silencio. Cuando la Colonia contaba con algunas generaciones de mestizos, la Ingeniería durmió casi tres siglos, inmersa en el Ejército Español. No obstante, sin nombre ni apellido, sin doctrinas ni objetivos definidos, cumplía sus tareas militares. De esta forma, mejoró los puertos, facilitando el paso de las tropas a través del callejón Interandino. Hizo presencia en el Ejército Español, con quien bregó 200 años al puro estilo de sus viejas tradiciones.

Con el advenimiento del 10 de Agosto de 1809, un nuevo espíritu nacional imperó en la naciente República: la decisión de auto gobernarse fue irreversible. El martirio de los próceres postergó la libertad. Bolívar y San Martín iniciaron sus operaciones desde el norte y el sur de la América Hispana, y en esas huestes patriotas multinacionales se fue perfilando el empleo de los ingenieros militares.

En 1821, el Mariscal Antonio José de Sucre, insigne oficial ingeniero de la Época Independista, estaba empeñado con sus tropas en abrir la ruta que unía la costa y el austro, hasta llegar a las breñas del Pichincha. En ese itinerario, están escritas las
mil alternativas y servicios de la Ingeniería Militar.

El 27 de Febrero de 1829, la Batalla de Tarqui constituyó la afirmación vigorosa de la Nación ecuatoriana. El Ejército nació con la Patria y en ella. Los Ingenieros Militares del Caracas y del Cauca prepararon el terreno y destruyeron un puente importante cercano a la población de Saraguro, facilitando, de esta forma, la maniobra de Sucre sobre los Batallones Peruanos Ayacucho y Nro. 8. Sucre venció en Tarqui y, al hacerlo, evitó al Perú la vergüenza y el sonrojo de seguir invadiendo la tierra de sus libertadores.

Las guerras del liberalismo, desatadas en 1895, dan noticias del empleo de Tropas de Ingenieros en el Combate de Gatazo (14 de agosto). El Ejército Constitucional organizó equipos de ingenieros, formados por el señor Gabriel García Alcázar y el Comandante Ingeniero Elías Garcés Ricaurte. Ellos, con su telémetro, midieron la distancia entre la parte elevada del pueblo de Calpi y las tropas de Alfaro, para facilitar que Artillería, comandada por Nestorio Viteri, dispare sobre las tropas alfaristas.
A lo largo de 1902, el problema limítrofe con Perú se complicó. Hubo denuncias de incursiones militares en el territorio ecuatoriano, en las poblaciones de El Oro y el Oriente. Incluso se habla de una ocupación militar en la desembocadura del Curaray.

El 8 de agosto de 1903, luego de la exposición de motivos ya comentados, del Proyecto de Ley Orgánica Militar, por parte del Mayor Luis Cabrera Negrete (el Ministro de Guerra y Marina), el General Flavio Alfaro, remitió a consideración del Congreso Nacional para su estudio y aprobación. Más tarde, el 6 de Diciembre de 1904, se creó la Columna denominada “24 DE MAYO”, con sede en la ciudad de Tulcán. Esta reemplazó al Batallón de Infantería Nro. 7 “CARCHI”, que fue trasladado a la ciudad de Cuenca. Esta Unidad de Infantería fue la simiente para la creación de la primera Unidad de Zapadores. El Presidente General Plaza, el 15 de marzo de 1905, considerando necesaria para el mayor adelanto del Ejército, creó esta unidad. De acuerdo con lo dispuesto en los artículos 2º y 3º, título 1º y Tratado I del Código Militar, decretó: “Artículo único: Convierte la Columna “24 DE MAYO”, ubicada actualmente en la plaza de Tulcán, en Unidad Militar de Zapadores, que se dedicará a los estudios y trabajos inherentes a este servicio”.