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Ejército Ecuatoriano | Sistemas de Armas
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Sistemas de Armas

Historia de las Armas, Servicios, Especialidades y Especialistas

La vida del soldado ecuatoriano es un proceso continuo de aprendizaje que, en forma permanente, pasa por las diferentes etapas de formación, perfeccionamiento y especialización. Paulatinamente, adquiere los conocimientos necesarios para su desempeño profesional, hasta convertirse en un ser íntegro, con sólidos valores éticos y morales.

La participación del soldado en eventos críticos de la vida republicana abrió el camino de lo que hoy es el Ejército del Ecuador. Con el transcurrir de los años, esta institución ha evidenciado su evolución, profesionalismo y amor a su terruño, lo cual quedó testimoniado en la Gesta del Cenepa.

Las tradiciones mantienen la esencia de lo que son los soldados de nuestro Ejército. Por ello, se han recopilado los aportes fundamentales de las unidades y su personal de oficiales y de tropa, quienes han sido actores de la vida institucional que integra la tradición histórica del Ejército Ecuatoriano.

La práctica y vivencia de dichas tradiciones permitirán concientizar sobre el amor a nuestra querida institución, que ha visto importante, con el apoyo del personal de los diferentes sistemas de armas, servicios y especialidades, desempolvar los archivos militares y, luego de una profunda investigación, actualizar su historia. Esta, sin duda, demuestra las virtudes que, desde los albores de la Patria, tuvo que cultivar el Ejército, para que nosotros como miembros, tanto en tiempo de paz como de guerra, sepamos que por nuestras venas corre sangre de soldados valientes y heroicos. Nuestros antepasados apuntalaron los cimientos de gloria y leyenda del Ejército; su ejemplo y experiencia han inspirado y guiado el éxito institucional.

Se ha considerado oportuno evocar la historia de las Unidades del Ejército, sus tradiciones y triunfos. Es importante resaltar el aporte de sus hombres valerosos, quienes ofrendaron sus vidas en defensa de la soberanía nacional. Cualquier esfuerzo orientado a describir la evolución de la historia del Ejército es una ardua tarea, que tiene influencia directa sobre la moral del soldado y sus derivaciones.

Este libro constituye una reafirmación de los objetivos nacionales e institucionales y, sobre todo, del soldado. Muestra el compromiso del Ejército en el combate permanente contra el subdesarrollo y la pobreza, su contribución a la prosperidad e institucionalización del pueblo, y a la integración de la Nación.

Al releer el contenido del libro, el Ejército Ecuatoriano ratifica su carácter de Ejército amistoso, pero, al mismo tiempo, se muestra firme en defender los intereses de nuestro país, la integridad de su territorio y el bienestar de sus ciudadanos. Sobre estos pilares, esta institución construye un futuro de paz, dignidad, soberanía y democracia.

La obra está estructurada por Armas, Servicios y Especialidades, en orden de antigüedad. Cada capítulo detalla: su historia, el significado de su insignia, sus tradiciones, los batallones o grupos honoríficos, y una síntesis de las unidades dependientes de las brigadas.

Además, se presenta la historia del sable, la insignia de mando del oficial, el sable de caballería y la tradición de la heroica arma; el bastón de mando de los oficiales generales y el espadín del suboficial; finalmente, la historia y evolución del casco de campaña, testigo de las gestas gloriosas del victorioso Ejército Ecuatoriano.

¡Somos un Ejército de tradiciones!

Insignia del Arma de Infantería y su significado 

Heráldica

Fusiles Cruzados

“A la carga, bravos combatientes, nuestras armas vencerán en el fragor de la lid, su grito alzará el olor de la pólvora y la furia del cañón, sin duda, al enemigo acabarán”, este es un grito de guerra que los infantes pregonaban levantando sus manos y cruzando sus armas. Esta es la señal de que la muerte espera por su enemigo invasor. Simboliza la valentía, el coraje y la tenacidad del soldado de Infantería, que tiene por responsabilidad el cumplimiento de la misión asignada, el respeto y el amor a su Patria.

Esmalte Oro (color amarillo)

Significa riqueza, fortaleza y grandeza de espíritu. Se asocia con la parte intelectual de la mente y la expresión de nuestros pensamientos. Es, por lo tanto, el poder de discernir y discriminar, la memoria y las ideas claras, el poder de decisión y la capacidad de juzgarlo todo.

Esmalte Sable (color negro)

El color negro simboliza la protección y el misticismo. Se lo asocia con el silencio, la fuerza interior, el celo, el respeto y el duelo por lo querido, amado o venerado. También, se lo utiliza en un recuadro rectangular y horizontal. En sí, los dos colores están ligados directamente a la Infantería. Representan al Dios Sol de los Shyris, símbolo del poder; a las pieles doradas de los soldados que en gestas heroicas imprimieron el nombre del guerrero; a los trigales y los paisajes que caracterizan a nuestra tierra; a la riqueza del alma, el celo, el respeto, la mística, el arrojo y la valentía.

Historia del Arma de Infantería

El Arma de Infantería, como parte primordial del Ejército, es venerada diariamente. Sus hijos le rinden homenaje y pleitesía, porque simboliza la plena superación profesional, y se muestra como una clara respuesta a las expectativas de los avances tecnológicos de nuestros tiempos.

Es innegable nuestra admiración a la Infantería que, despertando al toque de diana, saluda a la alborada del naciente día, con la oración Patria del trabajo. La constancia y el sacrificio la hacen fuerte de cuerpo y espíritu.

La Infantería que, teniendo por lecho el duro suelo y por techo el inmenso firmamento, duerme el sueño del guerrero incansable, para continuar en el mañana el cruento combate del ocaso. Sonríe ante la inminencia de la muerte y, en gesto generoso y puro, rinde su vida con el grito de Patria en sus labios. Su alma llena de gozo, jamás vencida, vuela al mundo de la eternidad al compás de las épicas notas de la canción de la gloria.

Es la base de los Ejércitos, es decir, el eje sobre el cual gira la organización de todas las unidades de combate. Es la diosa legendaria del combate, la reina de las armas, la estrella del valor y de la gloria.

Este momento solemne de la Patria, cuando se reafirma la democracia nacional, es propicio para el autoanálisis retrospectivo que, con sinceridad plena, debe hacerse el militar. Así, reflexionará sobre lo ejecutado, lo omitido y lo que se debe adelantar. Como mandato de la historia, se pregona el compromiso para con los héroes de nuestra gloriosa heredad nacional.

La Infantería ecuatoriana, que entrelaza sus raíces con nuestra nacionalidad, se ha desarrollado y regado con sangre quiteña en Magsiche y Quipaipán, porque infantes fueron los héroes de Camino Real, Yaguachi, Quebrada Seca y Chacras. Su día clásico es el 25 de Mayo, como reconocimiento al heroico desempeño de los Batallones de Infantería “YAGUACHI”, “ALBIÓN”, “PAYA” y “ALTO MAGDALENA” en la Batalla del Pichincha, la cual selló nuestra Independencia.

Es imposible desconocer el vínculo que, a través del tiempo, enlaza aquel infante aguerrido, forjador de nuestra Independencia, y aquel que hoy lucha por mantenerla y dejarla como el más preciado legado a las futuras generaciones.

La Infantería es un ingenio del combate, que oficialmente se emplea a pie, esgrimiendo armas individuales, colectivas, livianas y de fácil transporte. En el enfrentamiento, puede actuar en forma independiente, con posibilidades limitadas o en combinación con alguna otra arma. Usualmente, emplea medios blindados como apoyo, para así aumentar su poder de choque.

Desde el inicio de la humanidad, el ser humano al ver amenazada su integridad, por diferencias de pensamiento o por conflicto de intereses con sus propios congéneres, sintió la necesidad de protegerse de posibles ataques. De esta manera, surgieron los primeros combates directos, interpersonales o de cuerpo a cuerpo. Posteriormente, en una evolución no muy marcada, los individuos se coligaron con otros usando, en sus albores, armas rudimentarias y en forma un poco más organizada. Así, se generaron enfrentamientos de mayor magnitud, pero siempre con una característica esencial, el movimiento a pie.

Con el transcurrir del tiempo, la evolución del armamento, las técnicas, las tácticas y los procedimientos de combate, así como del número de las huestes o guerreros militantes en los enfrentamientos, coadyuvaron a que el combate se torne más cruento. Allí, evidentemente, resalta el infante revestido de un ímpetu pocas veces visto en cualquier otro combatiente. En los campos de batalla, libró encuentros mortales, que han hecho que el soldado se privilegie de pertenecer a esta gallarda legión, se sienta alborozado de ser parte de esta herencia y tradición.

Porque a pie va cantando mejor la valentía, y es a pie cómo vibra más fuerte el corazón, conquistando la tierra de pulgada en pulgada, mientras el alma salta de emoción a emoción.

INFANTERÍA

Insignia del Arma de Caballería Blindada

Heráldica

La insignia del Arma de Caballería Ecuatoriana fue implantada mediante el Decreto Ejecutivo del 19 de octubre de 1927. Este, refiriéndose a la Caballería, le señala como color distintivo el azul (Art. 5) y como insignia (Art. 46), dos lanzas cruzadas, de iguales dimensiones, con sendos banderines tricolores. Estos elementos simbolizan el valor de los Lanceros del Pichincha y los Granaderos de Tarqui, que los portaron con valor en los campos de batalla. Estas lanzas se utilizaron hasta 1989.

La insignia usada por primera vez por las Fuerzas Blindadas en Ecuador fue la escarapela. Era usualmente empleada por los tanquistas norteamericanos, cuya influencia en nuestro país se dio ante la presencia del material blindado de ese origen y de sus instructores. Dicha influencia se encuentra representada por un tanque M-26, y dos sables, distintivos de la legendaria Caballería Norteamericana, sobrepuestos. Esta insignia también duró hasta 1989.

A partir de este año, frente a la decisión del Comando General del Ejército de fusionar las Armas de Caballería y Fuerzas Blindadas, se creó la nueva insignia del Arma de Caballería Blindada. Esta se encuentra integrada por el tanque M-26 de las Fuerzas Blindadas y las dos tradicionales lanzas tricolores de la Caballería Ecuatoriana. El tanque representa la movilidad, la potencia de fuego y la acción de choque; por su parte, las dos lanzas, el valor de los Lanceros del Pichincha y los Granaderos de Tarqui. El esmalte oro de su tanque simboliza nobleza, poder, Historia y Tradiciones Militares del Ejército Ecuatoriano

luz, constancia y sabiduría; y el tricolor de las lanzas, la riqueza de su tierra (amarillo), el cielo (azul), y la sangre derramada por sus héroes (rojo). Esta insignia es portada actualmente por todos los soldados de Caballería Blindada, en la solapa del uniforme.

Parche triangular del Arma de Caballería Blindada

Junto con la insignia, desde el inicio del Arma de Fuerzas Blindadas, los tanquistas ecuatorianos adoptaron un triángulo tricolor, diseñado por el Ejército Norteamericano en 1918 y utilizado por los cuerpos de tanques de ese país. Empleaban los colores tradicionales de la Infantería (amarillo), la Caballería (azul) y la Artillería (rojo). La conjunción de los tres simbolizaban que las unidades blindadas eran las suma de las tres armas tradicionales.

Mediante el Decreto Ejecutivo Nro. 206 del 23 de septiembre de 1944, en el numeral 115, se describe la insignia de las Fuerzas Blindadas y el parche de los blindados, constituido por un triángulo equilátero de 10 centímetros por lado. Este tenía como fondo los colores de la bandera nacional, una oruga y un tubo de cañón, bordados en seda de color negro. Todo esto estaba atravesado por un rayo diagonal, bordado en seda de color rojo.

En 1989, ante la integración de las Armas de Caballería y las Fuerzas Blindadas, el parche tuvo una variación, fue reemplazado el cañón por la figura de un corcel negro. Esto tuvo vigencia hasta el año 2002 y sufrió un nuevo cambio: quedó constituido por un triángulo equilátero de 10 centímetros por lado. Además, utilizó como fondo los colores de la bandera nacional (amarillo, azul y rojo), con cuatro blasones que significan:

  • El corcel, la caballería.
  • La oruga, movilidad.
  • El cañón, potencia de fuego.
  • El rayo, la acción de choque.

Historia del Arma de Caballería Blindada

Para hablar de la Caballería Blindada es necesario hacer un breve recorrido por su evolución histórica en el mundo. Además, es fundamental considerar su desarrollo en nuestro Ejército, como factor de poder dentro de la estructura del Estado.

Con el devenir del tiempo, los comandantes se vieron en la necesidad de contar con tropas móviles y flexibles, con capacidad de arrollamiento físico y psicológico, que les permitieran obtener una inmediata superioridad sobre el adversario. Para efectivizar esta nueva táctica como innovación bélica, se utilizó el caballo. A partir de entonces, se registraron éxitos y victorias decisivos para los grandes capitanes y comandantes.

Gran parte de la historia de nuestra Patria se forjó sobre el lomo del caballo, durante la conquista por parte de los españoles. Esta especie constituyó una sorpresa y espanto para nuestros aborígenes, quienes llegaron a considerar al jinete y el caballo como un ser monolítico, monstruoso e invencible. Fue tan grande el impacto psicológico que huían despavoridos.

Más tarde, con los desacuerdos entre los conquistadores, Gonzalo Pizarro se declaró líder de los encomenderos. La victoria más importante fue en la Batalla de Iñaquito, donde triunfó sobre las tropas de Virrey del Perú. Sus escuadrones de Caballería fueron comandados por el propio Pizarro y por Pedro de Puelles.

En 1542, cuando el Virreinato del Perú implantó el impuesto a las Alcabalas, los quiteños, al mando de Pedro Zorrilla, organizaron un fuerte Ejército. Este contaba con poderosas fuerzas de Caballería, que a la postre serían el factor desequilibrante en la victoria durante esa histórica revolución.

También, es necesario recordar que, durante los episodios del 8 y 9 de Octubre de 1820, el entonces Capitán de Caballería Luis Urdaneta, al mando de 25 hombres del Batallón “Granaderos”, fue quien determinó el éxito de estas fuerzas independentistas. Luchó anular el poder militar español en Guayaquil y lo consiguió. De las amplias llanuras y del sofocante calor tropical, a los fríos senderos de la cordillera de los Andes, trepidaba la tierra bajo el paso bizarro de los Escuadrones de Caballería en los campos de batalla. En Boyacá, Carabobo, Tapi, Pichincha, Junín, Ayacucho, Chacabuco y en Maipú, se cubrieron de honor, cual centauros mitológicos, galopando con la bandera de la libertad por la justa causa americana.

La Caballería nos legó la libertad y consolidó la Independencia de los territorios que hoy llevan el nombre de Ecuador. Sus jinetes, sobre el lomo de los corceles, galoparon, desde el inicio de la epopeya independentista, por los campos de Cone, Yaguachi, Huachi, Verdeloma, Tanizagua y Camino Real. La sangre de los “Granaderos a caballo de San Martín” irrigó los campos de Tapi en esa homérica batalla. En las alturas del Pichincha, la bravura de los “Dragones”, los “Sables” y los “Lanceros” de las huestes patriotas nos liberó del yugo español. Luego, se constituyeron en la base sólida de una excelsa legión de soldados, que más tarde integrarían el Ejército de la nueva República.

En 1821, el General Antonio José de Sucre llegó a la península de Santa Elena y organizó sus fuerzas en base a los escuadrones Dragones de Caballería, Guías y al Batallón de Caballería Mires. Estos contribuyeron al éxito en la Batalla de Pichincha, pues jugaron un papel determinante al derrotar a la columna española entre Cone y Yaguachi. Alcanzaron la victoria total el 19 de agosto de 1821. Luego, el 21 de abril de 1822, en las llanuras de Tapi, cerca de Riobamba, los Escuadrones de Granaderos, al mando del General Lavalle, alcanzaron el triunfo que abrieron las puertas para Pichincha y la libertad de la Patria. Este gesto heroico, por demás conocido, se dio gracias a la conducción del General Antonio José de Sucre.

Durante la Gran Colombia, la Caballería nuevamente se cubrió de gloria, esta vez en la Batalla de Tarqui, donde los Escuadrones Cedeño, Segundo, Tercero y Cuarto de Húsares, Granaderos a Caballo, Dragones del Istmo y Yaguachi, permitieron que el Ejército Gran Colombiano liquide, con sangre y fuego, la osadía enemiga de invadir la tierra de sus libertadores. Con este hecho, se perennizó en la historia la legendaria acción de los “20 Bravos del Yaguachi”.

En los inicios de la República, entre 1830 y 1843, la Caballería brilló por su valor en la Revolución de Quito Libre, la cual culminó en la famosa Batalla de Miñarica. Allí, la Caballería Floreana realizó una verdadera carnicería y exterminó al Ejército Restaurador, bajo las órdenes del General Isidro Barriga.

En las Guerras Alfaristas, entre liberales y conservadores, los repartos de Caballería combatieron en diferentes acciones de armas, en San José de Chimbo, El Molino y Gatazo, una vez más. De esta manera, pusieron su sello de victoria, con la actuación valerosa de los grupos Cazadores de Los Ríos y Yaguachi.

Bravía y romántica es la Caballería Ecuatoriana. El servicio a la República constituye su mística; el procerato de la lealtad reside en ella. Cuando Ecuador, dormido en los laureles de Tarqui, despertó atónito en el drama de 1941, aun en ese cuadro de impotencia, la Caballería salvó el honor del Ejército Ecuatoriano.

Los hechos hasta aquí narrados acreditan una rica tradición militar, que caracteriza a los hombres de bota y espuela en todos los confines del Ecuador. Las siguientes unidades hicieron historia en nuestro Ejército, por lo que perduran en nuestras mentes y corazones: “CAZADORES DE CHONE”, “ALAJUELA”, “TENIENTE ORTIZ”, “YAGUACHI”, “GENERAL DÁVALOS”, “FEBRES CORDERO” y “CAZADORES DE LOS RÍOS”. Estas Unidades de Caballería, desde el inicio de la República hasta el presente siglo, contribuyeron con la paz, la seguridad interna y externa de la Nación, y preservaron su soberanía. Sin duda, han perdurado en el tiempo y lo seguirán haciendo.

En 1941, la actuación heroica del Grupo de Caballería “FEBRES CORDERO”, en Panupali, impidió la progresión del enemigo hacia Loja y Cuenca. De igual forma, elementos de Caballería del “YAGUACHI”, en Porotillo, aniquilaron la vanguardia enemiga. De esta manera, cortaron toda posibilidad de avance hacia el Austro. Destacaron heroicamente el Capitán Moisés Oliva, los Tenientes Leónidas Plaza y Alfredo Zurita, el Subteniente Manuel Pinto, el Cabo Tipantuña, el Conscripto Flores y otros héroes que pasaron a la inmortalidad.

En el año 1917, apareció un nuevo ingenio bélico en el campo de batalla, que aumentó la movilidad y dio una nueva dimensión al arte militar: el vehículo blindado, llamado tanque de guerra. Su característica principal es la capacidad de fuego, blindaje de protección y acción de choque. Este nuevo avance tecnológico de la industria bélica dio mayor movilidad y dinamismo a los conflictos militares. Así, la Caballería tuvo que adaptarse a los nuevos medios. Por lo que la mortífera arma, el tanque de guerra, fue escogido como el relevo del caballo y de los bizarros y valientes jinetes de la Caballería tradicional.

Durante la Segunda Guerra Mundial, entre febrero y marzo de 1942, llegaron al país los tanques Marmon Harrington. Estos fueron comprados a Estados Unidos y desembarcados en la ciudad de Guayaquil. Por vía férrea, fueron trasladados a la ciudad de Quito, específicamente, al Colegio Militar de ese entonces.

Estos tanques pasaron a formar parte del Grupo “YAGUACHI”, ubicado en La Magdalena. Allí se realizó el primer curso con oficiales, el cual duró desde marzo hasta agosto de 1942 y se llamó curso de “Caballería Mecanizada”. Su jefe fue el Sr. Capitán Reinaldo Vera Donoso. Las prácticas se las realizaba en el actual barrio Santa Ana; las pruebas de carretera se ejecutaban desde Chillogallo hasta Lloa; y el tiro se ensayaba en las faldas del cerro Ungüí. De esta forma nació el Escuadrón Escuela de Tanques Nro. 1.

En el mes de abril de 1947, se creó la Escuela de Tanques y el Escuadrón de Reconocimiento Mecanizado Nro. 3 “AZUAY”, bajo el mando del Señor Mayor Jorge Gortaire V, en San Antonio de Playas. Posteriormente, destacaron unidades menores a Tenguel y La Avanzada, y se organizó el Grupo “SARAGURO”. Finalmente, en mayo de 1974, se creó la Brigada Blindada Nro. 1 “GALÁPAGOS”, con sede en Riobamba, según orden de Comando Nro. 004-III-C-974 del 27 de marzo de 1974. Años más tarde, esta pasó a llamarse Brigada de Caballería Blindada Nro. 11 “GALÁPAGOS”.

El Ejército, ante la necesidad de integrar las Armas de Caballería y Fuerzas Blindadas, decidió fusionarlas y formar una sola. Esta idea se materializó en la orden de Comando General Nro. 011-985 del 25 de agosto de 1985. El 29 de agosto de ese mismo año se dispuso dicha fusión bajo el nombre de “Caballería Blindada”.

En abril de 1989, según la Resolución Ministerial Nro. 027, artículo 7, se autorizó la unión, basándose en la ya emitida en el año 1985. También, se tomó en consideración al orgánico para los años 1987-1992, en el cual se consideraba una nueva organización de los pelotones de tanques. Ante la iniciativa e interés del Comando de la 11 B. C. B “GALÁPAGOS”, renació la idea de materializar los grupos de Caballería Blindada.

Desde ese año hasta la actualidad, la Caballería Blindada sigue siendo un arma fundamental dentro de la organización y la estructura del Ejército. Cuenta con personal técnicamente capacitado para desempeñarse de manera efectiva y eficaz en el cumplimiento de la misión que le sea encomendada.

Caballería

Insignia del Arma de Artillería y su significado

Heráldica

Heráldicamente, los esmaltes rojo y negro son distintivos de la Artillería. El color rojo expresa la capacidad que tienen los soldados artilleros de manejar explosivos, pólvora, dinamita, detonadores, fulminantes, granadas, etc. Por su parte, el color negro representa la tozuda actitud de no ceder ni dar tregua al enemigo durante el combate. Los cañones dorados cruzados simbolizan el poder arrasador del fuego.

Este elemento ha marcado hitos de gloria y triunfo en las guerras que el soldado artillero ha desatado a lo largo de la historia.

Historia del Arma de Artillería

El Arma de Artillería ha tenido una evolución acorde con los progresos científicos y técnicos, en los campos tácticos y estratégicos. Así, su capacidad operativa se ha elevado hasta un grado máximo.

Vastas áreas de aire, mar y tierra han sido cubiertas por el fuego de proyectiles, lanzados por cañones de todo peso y calibre. De esta manera, también, las sorpresas más grandes han sido causadas por el empleo del cañón, convirtiéndolo en invalorable apoyo de otras armas.

Varias versiones existen sobre el origen de la palabra artillería. Una sostiene que proviene de un fraile llamado Juan Tillery, de donde nace la designación “Arte de Tillery”. Esta, con el paso del tiempo, se convirtió en una expresión inglesa de artillery, traducida al español como ‘artillería’. Otras encuentran el origen en el vocablo italiano artegli-gra.

La historia de la Artillería, en Ecuador, tiene sus orígenes en las postrimerías de la Época Colonial y los albores de la Independencia. Sin embargo, el factor común de esos tiempos fue la falta de definición para emplear el poco material disponible, de acuerdo con una visión táctica y operativa. Las primeras bocas de fuego que registró oficialmente la historia nacional son las emplazadas en el Golfo de Guayaquil, para, a modo de fortaleza, proteger el acceso a su puerto. Allí nació la Artillería de Fortaleza, con fortines como Las Cruces, La Concepción, San Felipe, en la costa del Pacífico, o más tarde con la colocación de piezas de bronce en el fortín de El Panecillo, en la ciudad de Quito.

Durante la época de las Guerras de la Independencia, resalta la participación de pequeñas fracciones de Artillería como parte de la denominada División Protectora de Quito. Esta tuvo una actuación honrosa en los combates de “Camino Real”, Artillería “Huachi” y “Tanizahua”. De igual forma, el gran Mariscal Antonio José de Sucre contó, entre sus filas, con una batería de Artillería. Esta, por las dificultades de desplazamiento, no participó en la gloriosa Batalla del Pichincha en 1822.

En 1852, como parte de la concepción de conformación del Ejército Nacional, el Presidente José María Urbina estableció, mediante decreto, que este se compondrá de dos Batallones de Infantería y dos Escuadrones de Caballería, apoyados por una Brigada de Artillería, en tiempos de paz.

De igual manera, el referido documento describe que esta última unidad se conformará de cuatro compañías. Junto a estas concepciones de organización se da, a finales del siglo XIX, la adquisición de los cañones Krupp de montaña y de costa, de calibres 7.5 y 8.8 pulgadas, respectivamente. Con el triunfo de la Revolución Liberal del 5 de Junio de 1895, el General Eloy Alfaro se interesó en la organización y el fortalecimiento del Ejército. Por eso, entre otras decisiones, creó la Brigada de Artillería “GUARDIA NACIONAL”. Para el 24 de agosto de ese mismo año, cambió su denominación a Batallón “BOLÍVAR”. Esta unidad sería la cuna del actual Grupo de Artillería Nro. 1 “BOLÍVAR”, que se encuentra actualmente en la provincia de El Oro. Sin embargo, durante su vida sufrió un largo peregrinaje que va desde la misma ciudad de Quito, pasando por Portovelo y Zaruma, hasta llegar a su actual destino en la ciudad de Machala.

El 27 de junio de 1902, como parte del proyecto de la Ley Orgánica del Ejército Ecuatoriano, se determinó que el Arma de Artillería podría ser de montaña, de a caballo, de costa y de fortaleza. La unidad táctica fundamental fue la batería de cuatro piezas con mulas. Y es en esta primera década del siglo pasado, con la presencia de la primera Misión Militar Chilena, que se adquirió, de la República de Chile, ocho piezas Herbardt y cuatro piezas Vickers Ma-xim, de origen alemán e inglés, respectivamente.

Todo este material, con Unidades de Artillería organizadas de acuerdo con el sistema chileno, fueron empleadas por el gobierno del General Leónidas Plaza Gutiérrez. Así se combatió la insurgencia encabezada por el General Carlos Concha en la provincia de Esmeraldas, en 1914.

En el año de 1925, el país soportó una serie de disturbios políticos que hacían peligrar la paz y la tranquilidad de la República. Sobresale la Revolución del 9 de Julio, conocida como la Revolución Juliana, fraguada por oficiales del Grupo de Artillería “BOLÍVAR”; quienes decidieron terminar con los abusos de la oligarquía que se había apoderado del poder y saqueaba, sin ningún control, los recursos públicos.

Las Unidades de Artillería, junto a otras del Ejército, se vieron envueltas en la participación de infaustas confrontaciones intestinas, a consecuencia de criminales errores de la política ecuatoriana, como la Guerra de los Cuatro Días (1932), el Combate de Tapi (1933) y el Conflicto de las Cuatro Horas, entre otros. Para esos eventos ya se contaba con el famoso cañón de montaña 65/17, de origen italiano. Los enfrentamientos antes citados tuvieron como protagonistas a los grupos “BOLÍVAR”, “CALDERÓN”, “SUCRE” y “VILLAMIL”. Estas organizaciones se constituyeron, a lo largo de nuestra historia, en los cimientos de las unidades hoy disponibles.

Durante el conflicto armado con Perú (1941), las Unidades de Artillería no disponían de los medios suficientes para su desempeño como tales. Por esto, su personal fue destinado a reforzar parte de las Unidades de Infantería. Un hecho importante, que cabe mencionar, es la participación de soldados artilleros a bordo del cañonero Calderón, que se cubrieron de gloria con dos piezas Breda de 20 mm. Estas fueron fundamentales durante el combate naval de Jambelí y la posterior derrota de la nave peruana Almirante Villar.

Desde 1956, el país inició la adquisición y posterior dotación en las Unidades de Artillería del cañón americano de 105 mm M2A2. Con este nuevo material, comenzó un largo proceso de modernización, que sería completado con las compras de armamento que se efectuaron desde 1972 hasta inicios de la década de 1980, con materiales como: el cañón autopropulsado de 155 mm F-3 de origen francés, el obús de 105 mm L14M56 italiano y el cañón auto remolcado de 155 mm M-198 americano. En esa misma época, se vio fortalecida la Artillería Antiaérea, la cual reemplazó al material de 40 mm por el sistema antiaéreo Oerlinkon, de origen suizo e italiano. En 1981, la Artillería se llenó de gloria cuando, en el Conflicto de Paquisha, el Cabo Nelson Guamaní, con su ametralladora múltiple. 50, derribó un helicóptero peruano.

Cabe mencionar que otra unidad insigne es el Regimiento “MARISCAL SUCRE”, que participó en el proceso revolucionario liberal. Inicialmente, se asentó en la ciudad de Guayaquil hasta llegar a Quito. Posteriormente, fue trasladado al Fuerte Militar “ATAHUALPA”, ubicado en Machachi. Un dato sobresaliente constituye la influencia que esta Unidad de Artillería tuvo en el nacimiento de la Escuela de Artillería.

Junto a ella, se conformó este instituto que ha sido responsable de la especialización de todo el personal del Arma de los Cañones Cruzados. De igual forma, la diversidad de materiales llevó a la creación de la Escuela de Artillería Antiaérea Conjunta, asentada en las proximidades de la Base Aérea de Taura.

Actualmente, la Artillería de Campo cuenta con nuevos materiales, como son los lanzadores de cohetes BM-21, TATRA-803 y GRAD-1P. Estas adquisiciones se realizaron a inicios de la década de 1990. Se fortaleció a las Unidades Antiaéreas con los misiles Igla.

Durante la Gesta del Alto Cenepa en 1995, las Unidades de Artillería participaron con lanzadores de cohetes BM-21 y GRAD-1P, obuses de 105 mm italianos y misiles antiaéreos Igla. Estos últimos proporcionaron seguridad al espacio aéreo. La actuación de sus soldados les valió el reconocimiento del Ejército y de todo el pueblo ecuatoriano, al infringir serias bajas en el personal y el material enemigos. Se convirtió en un elemento decisivo en el resultado final de este hecho heroico e imborrable de la memoria nacional.

Por ello la historia universal no se equivoca al decir que la “Artillería es el último argumento de los reyes.

Artillería

Insignia del Arma de Comunicaciones y su significado

Heráldica

Las banderolas representan al medio óptico más utilizado en el campo de batalla, no solo por nuestro Ejército sino también por las Fuerzas Armadas de la mayoría de los países del mundo, que, junto con la antorcha, marcan el nacimiento del Cuerpo de Señales. La flama ardiente nos brinda la luz que ilumina el camino que conduce a las tropas de Comunicaciones en la búsqueda del conocimiento. Simboliza la fuente de la sabiduría; la antorcha es la depositaria del fuego del saber.

El dorado es distintivo de nobleza. Representa la magnanimidad, el poder, la luz, la constancia y la sabiduría, para superar los obstáculos y alcanzar las metas y objetivos propuestos por y para los soldados de Comunicaciones.

Todas las armas se identifican por un color característico. La combinación de todos ellos da como resultado el color lila, que representa la integración y el enlace que las Comunicaciones prestan a todas las armas y los servicios. El lila simboliza magia, misterio, sofisticación, ciencia e inteligencia.

Historia del Arma de Comunicaciones

El Arma de Comunicaciones, como arma de apoyo de combate, se torna indispensable para el ejercicio del mando, la coordinación y el control de las operaciones militares. En tiempos de guerra, es la primera en entrar y la última en salir; y en tiempos de paz, es la responsable de apoyar eficientemente la ejecución de las actividades administrativas de la institución en la conducción militar, utilizando todos sus medios.

Esta Arma tuvo un proceso de crecimiento, desarrollo y llegó a una etapa en la que, como efecto del desarrollo y el fortalecimiento del Ejército, era imperiosa la creación de una especialidad. Su entrenamiento, equipamiento y misión debían posibilitar el ejercicio del comando y el control.

El 14 de junio de 1910, el Presidente Constitucional de la República del Ecuador, General Eloy Alfaro Delgado, consideró la necesidad de reglamentar y organizar las comunicaciones militares. Para tal efecto, emitió el primer decreto ejecutivo relacionado con esta importante actividad. Estableció la conformación de la Plana Mayor de las secciones de electricistas-telegrafistas en campaña. Del contenido de este decreto y de los tres que le precedieron, en este período apareció la primera Unidad Militar de Transmisiones al servicio del Cuartel General del Ejército. La que, con el pasar del tiempo, se constituyó en la actual Dirección de Sistemas de Información y Comunicaciones del Ejército.

Para 1929, el Presidente de la República, Dr. Isidro Ayora, emitió el Decreto Ejecutivo 164, con fecha 5 de agosto. En este creó el Batallón de Ingenieros Nro. 2 “CHIMBORAZO”, compuesto por una plana mayor y tres compañías, la tercera fue de Transmisiones. Con este nuevo orgánico, desapareció la unidad independiente que se encontraba adscrita al Estado Mayor General del Ejército.

Por convenio entre la República del Ecuador y el Gobierno de Estados Unidos, en el año 1943, inició sus actividades la Misión Militar Norteamericana. Este organismo fue el encargado de coordinar y ejecutar el apoyo militar norteamericano a nuestras Fuerzas Armadas.

Sus actividades pueden resumirse de la siguiente manera:

Ayuda académica, operativa y técnica, con la provisión de instructores, manuales técnicos y de campaña, películas de instrucción para todas las armas y servicios.

Entrenamiento militar en Estados Unidos y, posteriormente, en Panamá, en la Escuela de las Américas para oficiales y tropa ecuatoriana de todas las armas y servicios.

Entrega de armamento, vehículos de combate y de transporte, municiones y otro tipo de material bélico y equipos de comunicaciones, para organizar repartos orgánicos. A esta donación de material bélico y de comunicaciones, se la conoció como ayuda MAP.

En lo relacionado a Comunicaciones, este convenio fue de mucho beneficio, no solo por el material telefónico y radio-eléctrico que se entregó en donación, sino porque permitió la organización de repartos de transmisiones, en pelotones, compañías y un batallón. Así, fue posible que, en todos los niveles de mando del Ejército, se ponga en evidencia el importante papel que ejercían las Comunicaciones para la eficiente ejecución de la conducción militar, tanto en tiempos de paz como de guerra.

A partir del 4 de febrero de 1944, se inició el entrenamiento de oficiales y tropa del Ejército en el conocimiento, la operación y el empleo del material de radio americano. Dicho material fue proporcionado por la Misión Militar Norteamericana, conforme se desprende del Decreto Ejecutivo Nro. 2272, del 4 de febrero de 1944. El programa se llevó a cabo en la Escuela de Transmisiones, anexa a la Escuela de Artillería e Ingeniería. Fue dictado por el personal directivo y administrativo del mismo instituto. El número de alumnos fue de 53, integrado por 10 oficiales y 43 de tropa. El curso tuvo una duración de 60 días.

En la Escuela de Transmisiones, a su vez, se iniciaron los Cursos Regulares para Aspirantes a Suboficiales. El plan de estudios contemplaba tres años lectivos de duración, por lo que en la Orden General del sábado 25 de agosto de 1945, y luego de haber culminado con éxito, se publicó el ascenso al grado de suboficiales a los alumnos del tercer año de la Escuela de Transmisiones; ellos fueron la Primera Promoción de Graduados. El 15 de mayo de 1946, el Presidente de la República, Dr. José María Velasco Ibarra, creó el Cuerpo de Señales de las Fuerzas Armadas, el que fue estructurado en forma definitiva el 26 de enero de 1951.

Hasta mayo de 1949, aun cuando no existían repartos de transmisiones independientes, los suboficiales y miembros de tropa operaban las estaciones de la red de radio permanente del Ejército. Esta había crecido significativamente debido al aumento de mandos y unidades militares.

En el año de 1949, el Comando Superior del Ejército reestructuró su organización, creando nuevos repartos militares destinados a proteger las fronteras del sur y el oriente del país. El incremento de comandos trajo como consecuencia la necesidad de disponer de más equipos de radiocomunicaciones, los que fueron adquiridos de acuerdo a las posibilidades económicas del Ejército. Se requirió, además, incrementar el personal de radio operadores, que en algunos casos egresó de la

Escuela de Transmisiones. Otros, en cambio, fueron telegrafistas dados de alta en calidad de Suboficiales Asimilados.

Para estructurar orgánicamente el Ejército y jerarquizar el mando en lo que a transmisiones se refiere, reconociendo el desempeño profesional y técnico de los suboficiales, la superioridad militar tramitó la expedición del Decreto Nro. 787, el 2 de mayo de 1949. Mediante este documento, se les concedió los despachos de Oficiales de Transmisiones a 24 de ellos.

Con el propósito de mejorar y ampliar la preparación profesional de los Oficiales de Transmisiones, el señor Ministro de Defensa Nacional, mediante Acuerdo Nro. 98 del 7 de noviembre de 1949, nombró alumnos del Curso de Perfeccionamiento de Oficiales de Transmisiones a 11 oficiales subalternos. Contando con los cuadros necesarios, el 26 de enero de 1951 se concretó la organización del Cuerpo de Señales, mediante la expedición del Decreto Ejecutivo Nro. 004.

A pesar de estar vigentes los decretos de creación del Cuerpo de Señales, hasta el año 1950 este organismo aún no funcionaba. Fue el 9 de febrero de 1951 cuando, mediante Orden General, se publicó el pase al Cuerpo de Señales de dos oficiales superiores y 7 subalternos, de distintas armas y especialidades, para que cumplan actividades de mando en este organismo. Días más tarde, en la Orden General del 6 de abril de ese mismo año, se publicó el pase de 16 suboficiales y 22 clases, entre cabos y sargentos, a distintos repartos militares del país. Este personal correspondía a las cuatro promociones de graduados en la Escuela de Transmisiones, así como algunos especialistas entre telegrafistas y radioperadores, que habían sido dados de alta en varias dependencias del Ejército.

Con estos actos administrativos, quedó definitivamente estructurado el Cuerpo de Señales, con una Dirección General, responsable del control del personal, el material telefónico, radioeléctrico y de mantenimiento electrónico, y de las instalaciones del Sistema de Transmisiones del Ejército. Además, se adicionaron, como elementos subordinados, un núcleo central en Quito y cinco núcleos periféricos en Guayaquil, Pasaje, Loja, Cuenca y Puyo.

Para esa fecha, en el Reglamento Orgánico del Ejército se suprimieron todas las Compañías de Transmisiones de los Batallones de Ingenieros. De esta manera, la futura Arma de Transmisiones pasó a conformar repartos, con estructura propia, desligada del Arma de Ingenieros.

El 28 de enero de 1953, se emitió un Decreto Ejecutivo mediante el cual se hizo constar al personal de Transmisiones dentro de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas. En este documento, se dispuso que los miembros de esta especialidad formaran parte de las Tropas Especiales del Cuerpo de Transmisiones, como una categoría intermedia entre las armas y los servicios.

En el Reglamento Orgánico del Ejército, para 1953, se eliminó el Cuerpo de Señales. En su reemplazo, se creó la Jefatura de Transmisiones de la Comandancia General del Ejército, con la responsabilidad de dirigir la red permanente de radio del Ejército. Paralelamente, al personal de oficiales y tropa de transmisiones se le dio el pase a esa jefatura y a las distintas guarniciones militares, donde se crearon los nuevos repartos de transmisiones.

Entre los meses de abril y mayo de 1954, fueron dados de alta un total de 65 soldados, para formar la Compañía de Transmisiones Nro. 1 “CAPT. BOLÍVAR VACA”. Igualmente, se les dio el pase a este reparto a los tenientes Julio Agenor Vázquez Arízaga, Jorge Guillermo Carrillo Acosta y Gustavo Proaño Borja; a los subtenientes Gonzalo Bolívar Peña y Oswaldo Jaramillo; y a 22 Clases, entre cabos, sargentos y suboficiales. De estos últimos, 10 eran radioperadores. La Compañía estaba organizada con un Comando, una Sección Comando, un Pelotón Centro de Transmisiones, un Pelotón Alámbrico y un Pelotón Radio. La unidad fue dotada con: 8 estaciones de radio SCR-694-C, 4 estaciones AN-GRC-9, 8 estaciones portátiles PRC-10, 6 centrales telefónicas BD-72, 20 teléfonos EE-8, 80 kilómetros de alambre W-110 en carretes DR-4 y DR-5, caballetes de tendido RL-31 y 6 ejes de tendido RL-27. A fines del mes de diciembre de 1954, recibieron la orden de trasladarse a la provincia de El Oro, para incorporarse a la recién creada I División de Infantería “EL ORO”. El viaje de Quito a Guayaquil se realizó por tren; de Guayaquil a Puerto Bolívar, en un barco de cabotaje; y, luego, en vehículos, hasta el lugar de acantonamiento provisional en Buena Vista. Tan pronto como llegó a su destino, uno de los principales trabajos que realizó, en el sector de responsabilidad de la División, fue la instalación de una red telefónica con alambre galvanizado. Dicha red enlazaba el Puesto de Mando ubicado en la ciudad de Pasaje y los comandos de sus unidades subordinadas. Paralelamente, se conformó la Compañía de Trasmisiones Nro. 2 “MAYOR CARLOS CHIRIBOGA”. Esta ocupó, inicialmente, parte de las instalaciones del Grupo de Artillería Nro. 3 “MARISCAL SUCRE”; posteriormente, un sector del Batallón de Infantería Nro. 1 “VENCEDORES”. En febrero de 1955, la unidad estaba debidamente entrenada; sin embargo, debió permanecer en Quito hasta ser dotada del equipo y el material mínimo indispensable para su empleo tácticotécnico.

En el mes de agosto de ese mismo año, se trasladó a Guayaquil; se alojó en el cuartel de la Avenida de las Américas; y se integró a la III División Motorizada “GUAYAS”. Al mismo tiempo, se constituyó la Compañía de Transmisiones Nro. 3 “FELICIANO LEDESMA”, denominada Escuadrón de Transmisiones. Esta tuvo la misma organización de las dos primeras, y se integró orgánicamente a la V División de Caballería “AZUAY”.

Siguiendo la doctrina norteamericana, para el año de 1955, mediante el Reglamento Orgánico del Ejército, se crearon los Pelotones de Transmisiones a nivel Batallón o Grupo. Estaban compuestos por un Comando (subteniente o teniente de transmisiones), una escuadra centro de transmisiones, una sección alámbrica y una de radio. Este cambio determinó que a 36 soldados, pertenecientes a cada una de las tres Compañías de Transmisiones, se les dé el pase para que integraran los pelotones de transmisiones de los batallones y grupos de las distintas armas. En su reemplazo, se destinaron 36 conscriptos de otras armas. Los requerimientos de Comando y Control y el eficiente desempeño profesional de las tropas de Trasmisiones, que desde el 26 de enero de 1953 constaban en Orgánicos del Ejército como tropas especiales, motivaron que se considere la necesidad de tramitar, ante el Congreso Nacional, la creación del Arma de Transmisiones.

Es deber consignar especial reconocimiento al General de División Marcos Gándara Enríquez, quien, en el grado de Teniente Coronel, como Jefe del Tercer Departamento de Instrucción y Operaciones del Ejército, se propuso elevar el nivel de formación de los Oficiales de Transmisiones; así como la creación de la Sexta Arma del Ejército y su inclusión en el Orgánico de las Fuerzas Armadas. Es evidente la importancia de su misión y la complejidad creciente de los medios técnicos a su cargo, así como el vertiginoso avance de la electrónica, razón para la creación de esta especialidad. Cuando el General Marcos Gándara desempeñaba las funciones de Senador Funcional por las Fuerzas Armadas, en el período comprendido entre el 1 de agosto y el 10 de noviembre de 1962, tramitó la aprobación del Decreto Legislativo en el que, con fecha 31de noviembre de 1962, en el Ejército el Arma de Transmisiones, surgió la Sexta Arma del Ejército Ecuatoriano. El primer reconocimiento de Transmisiones como la Sexta Arma del Ejército se dio cuando, al crear el escudo del Ejército, se ordenó al Capt. de I. Sergio Jijón tomar como base uno de los tratados de heráldica española. El mencionado oficial realizó varios análisis, estudios e intercambios de ideas sobre la elaboración de este símbolo y determinó que se debían incluir las insignias de Fuerzas Blindadas y Transmisiones, las cuales, para esa fecha, eran las dos armas de más reciente creación. El Comandante del Ejército, Crnl. E. M. Humberto Garcés P., aprobó el contenido de este escudo tal como se había presentado y expidió la correspondiente Orden de Comando para su aplicación y ejecución.

Además, la visión institucional del Sr. Gral. Marcos Gándara Enríquez, de incorporar a las Transmisiones como la Sexta Arma del Ejército, determinó la necesidad de asegurar el desarrollo profesional de sus cuadros, por lo que el mando militar decidió que los oficiales de transmisiones se formen en el Colegio Militar “ELOY ALFARO”, con el mismo nivel de preparación intelectual y profesional que tenían los oficiales de las otras armas. Esta idea se cristalizó en 1961, con la designación de cinco cadetes del primer año militar del Colegio Militar “ELOY ALFARO”, al Arma de Transmisiones. Se creó, entonces, la respectiva sección, cuyo mando recayó en el Teniente de Transmisiones Jorge Arturo Padilla Garzón, quien tuvo el honor de ser el primer Oficial de Transmisiones. Fue el responsable no solo de instruir a los cinco cadetes seleccionados en los aspectos tácticos y técnicos de esta especialidad, sino también de crear en ellos un espíritu de cuerpo y orgullo de pertenecer a la más joven de las armas de la institución militar. Al cabo de dos años de duro entrenamiento, el 10 de agosto de 1963 se graduó la Primera Promoción de Oficiales de Arma, conformada por los subtenientes: Viteri Pinto Fernando O., Del Pino Arias Hugo R., Guerreo Narváez Galo R., Rosero Flores Hugo y Cifuentes Álvarez Nelson. En la Orden General de la Comandancia General del Ejército, del día viernes 29 de noviembre de 1963, se publicó la clasificación de los jefes y oficiales de transmisiones, que eran considerados como tropas especiales o de servicios. Con esta resolución, se confirieron despachos como Oficiales del Arma de Transmisiones a 2 oficiales en el grado de mayor, 6 capitanes y 27 tenientes que, anteriormente, pertenecían a las Tropas Especiales de Transmisiones. Paralelamente, se creó el Servicio de Trasmisiones y Electrónica, al que se incorporaron un oficial en el grado de capitán, dos tenientes y un subteniente, cuyas tareas específicas se relacionaron con el mantenimiento y el abastecimiento electrónico.

El 18 de mayo de 1964, según Decreto Nro. 993, se designó al 15 de Noviembre de cada año como el Día Clásico del Arma de Transmisiones. Esta fecha conmemora el hecho de que el Dr. Carlos Julio Arosemena Monroy, en calidad de Presidente Constitucional de la Republica, puso el ejecútese al Decreto Legislativo de creación del Arma de Trasmisiones.

El progresivo desarrollo y fortalecimiento del Sistema de Comunicaciones Militares demandó la conformación de nuevos repartos en el arma. En 1960, apareció la Compañía de Transmisiones Nro. 7 “LOJA”, como un Centro de Transmisiones situado en la ciudad de Loja, integrando una fracción de personal de la Compañía de Transmisiones Nro. 1 “EL ORO”. El 6 de octubre de 1966, se creó la Compañía de Transmisiones Nro. 17. En agosto de 1968, con una fracción del Batallón de Trasmisiones Nro. 1 “RUMIÑAHUI”, se conformó el Escuadrón de Transmisiones Nro. 11.

En abril de 1978, se formó la Compañía de Comunicaciones Nro. 13, inicialmente, ubicada en Quito; en 1982, se estructuró el Escuadrón de Comunicaciones Nro. 9 y la Compañía de Comunicaciones Nro. 19. La Compañía de Transmisiones Nro. 23, como parte del Cuerpo de Ingenieros, se conformó en noviembre de 1987 y la Compañía de Transmisiones Nro. 25, en junio de ese mismo año. El 7 de octubre de 1995 apareció la Compañía de Comunicaciones Nro. 21. Todos estos repartos se formaron con la misión de establecer los enlaces necesarios entre sus respectivos Comandos de Brigada y sus Repartos Subordinados.

Estas unidades llevaron la denominación de Compañías de Transmisiones hasta el 22 de abril del año 1996, fecha en la que, mediante la Orden general Nro. 076, se cambió su nombre por Compañía de Comunicaciones. De esta manera, el arma asumió el nombre de Comunicaciones.

Ser soldado de Transmisiones es vivir y morir bajo la sombra y amor de unas banderolas, sobre las que un día se posarán moribundas nuestras últimas miradas.

Insignia del Arma de Inteligencia Militar

Heráldica

La insignia está constituida por una espada que sostiene una rosa de heráldica, en su orden. En conjunto, forman el sol que constituye el escudo de forma circular clípeo, a la usanza romana. La espada desnuda representa: fortaleza porque es de hierro; justicia por su posición vertical, sin inclinarse a ningún costado; soberanía y el poder militar, que da seguridad a la Nación. La espada victoriosa mira al infinito, porque hacia él se proyecta la institución armada.

Rosa heráldica (Rosa de Tudor)

Afrodita presentó una rosa a su hijo Eros, Dios del Amor, así se convirtió en un símbolo del amor y el deseo. Eros le dio la rosa a Harpócrates, el Dios del Silencio, para inducirlo a no chismorrear sobre las indiscreciones de su madre, así, esta flor se convirtió en el emblema del silencio y el secreto. En la Edad Media, una rosa fue arrojada desde el techo del consejo del aposento y comprometió a todos los presentes a mantener el secreto, o subrosa. Acogiendo la tradición antigua en I. M., significa constancia en el servicio, y prudencia en el trabajo que se cumple en todo el territorio nacional. La rosa heráldica se confunde con los rayos del Sol, que llegan a todas partes y son representados por el círculo metálico que rodea la flor. Está formada por cinco pétalos bifurcados y con sus respectivos estambres que nacen en la corona de la misma. Completan el conjunto cuatro sépalos, que forman un cuadrado con las esquinas de los pétalos; estos, a su vez, coinciden con los cuatro puntos cardinales intermedios.

Historia del Arma de Inteligencia Militar

Para referirnos al desarrollo histórico en nuestro país, necesariamente, debemos remontarnos a épocas pasadas, donde se empezó ya a justipreciar la importancia de la Inteligencia, no precisamente con este mismo nombre. Ha sido asociada con la seguridad y la defensa, tanto del individuo como persona, cuanto del grupo humano como sociedad. Evidentemente, la necesidad de seguridad es intrínseca al ser humano para su supervivencia en la faz de la Tierra.

Los primeros hombres que habitaban en el Reino de Quito desarrollaron permanentemente un sistema defensivo, para contrarrestar la amenaza constante de su medio circundante. Con este objetivo, crearon leyendas, figuras, monstruos, hombres más fuertes, etc., que se convirtieron en símbolos de defensa de su pueblo. De allí que estos hombres primitivos, movidos siempre por un espíritu de inadvertida conservación y defensa, inicialmente, desarrollaron su intelecto e iniciativa para tal efecto, imaginándose los medios y los métodos más idóneos.

Quienes administraban la seguridad, en el Reino de Quito, eran los Tampa Camáyuíc; y sus ejecutores eran los miembros de la comunidad Quitu-Cara, cuyos integrantes eran seleccionados exclusivamente para dicho fin. Por otra parte, para la seguridad y la vigilancia de la comunidad, existían los Cari, que eran varones adultos a quienes se les encomendaba, como actividad principal, velar por la seguridad física y moral del pueblo Quitu-Cara. En consecuencia, los Cari estaban capacitados para conformar grupos de defensa, seguridad y vigilancia.

En el período incásico, los Incas no solo conquistaron nuestros territorios, sino que impusieron un sistema rígido de disciplina en los pueblos subyugados. Emplearon a sus tropas guerreras para conformar un Regimiento de Orejones, quienes eran encargados y responsables diestros de la defensa, seguridad y vigilancia de todo el Imperio. Eran muy audaces y eficaces en el arte de la guerra. Poseían, además, una gran iniciativa y pericia para cumplir con éxito su misión. En tal virtud, los pueblos conquistados estaban sometidos a una constante vigilancia, para lo cual a la población se la dividía en grupos de 10, 100 y 1000 personas. Por su parte, las poblaciones grandes eran divididas en grupos de 10 000. Cada grupo tenía un vigilante que, según el número de grupo, se llamaba: Chunga-Camáyuc, Pachsac-Camáyuc y Guaranga-Camáyuc, respectivamente.

Cuando los españoles conquistaron el Tahuantinsuyo, abolieron los primitivos sistemas de seguridad. Desde el año 1533, un nuevo mecanismo de control fue implantado por los gobiernos coloniales, basado en los modelos que en aquella época imperaban en España. Era un sistema de alguaciles, tenientes de alguaciles y sus ayudantes.

Por otra parte, también existieron los alcaldes que, en cada poblado, eran los únicos responsables de la política y la seguridad de cada uno de ellos.

En el año de 1818, la Constitución Política Española estructuró un equipo especial llamado Tenientes Pedáneos. Ellos eran los encargados de prevenir y obstaculizar cualquier actividad que atente contra la integridad de la Corona Española. También tenían la misión de informar al Virrey de todos los sucesos y acontecimientos conspirativos de los pueblos, que buscaban su emancipación del yugo ibérico.

Una vez creado el Departamento del Sur, luego de la Independencia del régimen español alcanzada en la Batalla de Pichincha, el 24 de Mayo de 1822, la seguridad seguía con la misma estructura que había heredado de sus opresores. Pero, por ventura, y al poco tiempo, se creó un reglamento provisional de seguridad que, en la parte más sustancial, contemplaba la creación de un Comisario General de Seguridad. Él era el encargado de velar en forma permanente por la paz y la tranquilidad en toda la ciudad; por lo tanto, el Comisario de Cuartel se limitaba a su recinto; y el Cabo de Manzana a su área determinada. Evitaban, en forma oportuna, las reuniones secretas.

El 22 de diciembre de 1827, durante la Gran Colombia, siendo Presidente de la misma el Libertador Simón Bolívar, se dictó el Reglamento de Seguridad. Este normaba la seguridad interna del pueblo grancolombino. Así, el Art. 4 expresa:

“Para conservar la seguridad y tranquilidad de la nación se deberá:

Impedir y aun disipar por la fuerza cualesquiera reuniones tumultuarias, riñas y alborotos en las plazas, ciudades, villas o parroquias, espacialmente, a horas indebidas de la noche.

Velar muy cuidadosamente para impedir toda conjuración que se quiera tomar contra el Estado, por medio de reuniones, espías y otros elementos contrarios”.

Este reglamento siguió en vigencia hasta la disolución de la Gran Colombia y la aparición de nuestro territorio como República del Ecuador.

El hombre de inteligencia es un soldado sin rostro, pero con el espíritu tricolor.

Tcrn. Nelson B. Enríquez G.

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Insignia del Arma de Ingeniería y su significado

Heráldica

Está constituida por un castillo almenado (dentado) de corte medieval; conformado por tres cuerpos o torres, de estilo gótico octogonal. La torre central es más baja que las flanqueadas (laterales), en la cual aparece la puerta central del castillo, a la que se llega mediante una gradería de tres pisos. Cada torre está unida a las otras por cuerpos menos elevados que el central. Todo el conjunto tiene una coronación (almena) rectangular que le da un toque típico de castillo o fortaleza.

La fortaleza que el castillo representa señala lo fuerte y poderosa que es nuestra gloriosa arma, en donde las fortificaciones son baluarte fundamental del Arma de Ingeniería.

Historia del Arma de Ingeniería

Las raíces de nuestra Ingeniería Militar las encontramos en los orígenes de la humanidad. Allí están presentes los soberbios monumentos y los muros secos que nuestros aborígenes construyeron con sus manos, y que fueron admirados por los conquistadores.

Los caminos y parcelas de ríos menores, los tambos y fortines, los patios y depósitos logísticos para la guerra, que, junto a los desvíos y trampas mortales de los cuales conocieron Diego de Almagro y Pedro de Alvarado, en la dimensión del gran Rumiñahui, constituyeron una ingenua pero eficaz Ingeniería.

Consolidado el poder español, el aborigen se redujo al silencio. Cuando la Colonia contaba con algunas generaciones de mestizos, la Ingeniería durmió casi tres siglos, inmersa en el Ejército Español. No obstante, sin nombre ni apellido, sin doctrinas ni objetivos definidos, cumplía sus tareas militares. De esta forma, mejoró los puertos, facilitando el paso de las tropas a través del callejón Interandino. Hizo presencia en el Ejército Español, con quien bregó 200 años al puro estilo de sus viejas tradiciones.

Con el advenimiento del 10 de Agosto de 1809, un nuevo espíritu nacional imperó en la naciente República: la decisión de auto gobernarse fue irreversible. El martirio de los próceres postergó la libertad. Bolívar y San Martín iniciaron sus operaciones desde el norte y el sur de la América Hispana, y en esas huestes patriotas multinacionales se fue perfilando el empleo de los ingenieros militares.

En 1821, el Mariscal Antonio José de Sucre, insigne oficial ingeniero de la Época Independista, estaba empeñado con sus tropas en abrir la ruta que unía la costa y el austro, hasta llegar a las breñas del Pichincha. En ese itinerario, están escritas las
mil alternativas y servicios de la Ingeniería Militar.

El 27 de Febrero de 1829, la Batalla de Tarqui constituyó la afirmación vigorosa de la Nación ecuatoriana. El Ejército nació con la Patria y en ella. Los Ingenieros Militares del Caracas y del Cauca prepararon el terreno y destruyeron un puente importante cercano a la población de Saraguro, facilitando, de esta forma, la maniobra de Sucre sobre los Batallones Peruanos Ayacucho y Nro. 8. Sucre venció en Tarqui y, al hacerlo, evitó al Perú la vergüenza y el sonrojo de seguir invadiendo la tierra de sus libertadores.

Las guerras del liberalismo, desatadas en 1895, dan noticias del empleo de Tropas de Ingenieros en el Combate de Gatazo (14 de agosto). El Ejército Constitucional organizó equipos de ingenieros, formados por el señor Gabriel García Alcázar y el Comandante Ingeniero Elías Garcés Ricaurte. Ellos, con su telémetro, midieron la distancia entre la parte elevada del pueblo de Calpi y las tropas de Alfaro, para facilitar que Artillería, comandada por Nestorio Viteri, dispare sobre las tropas alfaristas.
A lo largo de 1902, el problema limítrofe con Perú se complicó. Hubo denuncias de incursiones militares en el territorio ecuatoriano, en las poblaciones de El Oro y el Oriente. Incluso se habla de una ocupación militar en la desembocadura del Curaray.

El 8 de agosto de 1903, luego de la exposición de motivos ya comentados, del Proyecto de Ley Orgánica Militar, por parte del Mayor Luis Cabrera Negrete (el Ministro de Guerra y Marina), el General Flavio Alfaro, remitió a consideración del Congreso Nacional para su estudio y aprobación. Más tarde, el 6 de Diciembre de 1904, se creó la Columna denominada “24 DE MAYO”, con sede en la ciudad de Tulcán. Esta reemplazó al Batallón de Infantería Nro. 7 “CARCHI”, que fue trasladado a la ciudad de Cuenca. Esta Unidad de Infantería fue la simiente para la creación de la primera Unidad de Zapadores. El Presidente General Plaza, el 15 de marzo de 1905, considerando necesaria para el mayor adelanto del Ejército, creó esta unidad. De acuerdo con lo dispuesto en los artículos 2º y 3º, título 1º y Tratado I del Código Militar, decretó: “Artículo único: Convierte la Columna “24 DE MAYO”, ubicada actualmente en la plaza de Tulcán, en Unidad Militar de Zapadores, que se dedicará a los estudios y trabajos inherentes a este servicio”.